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Jorge Salazar

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Jorge Salazar

Jorge Salazar

Escritor de ciencia ficcion y novela negra. Periodista y redactor digital.

Bogotá, 1986. Dicen que a los tres años ya era capaz de leer por mi cuenta, pero a mí eso me cuesta creerlo. Crecí en un entorno disciplinado y, ciertamente, opresivo, pero gracias a mi familia puedo decir que tuve una infancia muy feliz. Desde mis recuerdos del pueblo de donde proviene mi familia, en Santander, Colombia, a los días de juego y absentismo escolar. A los 13 años me trasladé con mi familia a Lisboa, de donde guardo imborrables recuerdos que me ayudaron a encontrar mi lugar en el mundo. Al año siguiente, en 1999 nos establecimos de forma permanente en Torrevieja, la ciudad que me ha visto mil veces crecer, sangrar y volver a emprender el camino.

La Forja de un Novelista

Los recuerdos de los años siguientes se pelean por espacio, por su densidad, por la dificultad de ser capaz de recordar todo lo que pasó. Desde que llegamos a España conocí el trabajo duro y su rápida recompensa. Me gustaba ayudar a mi padre cuando trabajaba de jardinero, pocos años después ya estaba inserto en el mercado laboral. Como si fuese aquel el único destino para un hijo de migrantes.

Trabajé bastante duro durante los años que vinieron. Disfruté mucho, también, pero pronto el estrés me hizo enfermar. Ansiedad, depresión y desmotivación, eso era lo que quedaba del niño que hacía poco tiempo había empezado a trabajar en serio, del que había llegado lleno de ambición y entusiasmo.

Durante los siguientes veranos trabajé en varios sitios, podía contar que tenía más dinero que cualquier chico de mi edad podía tener. Pero, al mismo tiempo, iba notando que mi cabeza no funcionaba de una forma corriente. Cualquier revés me afectaba de una forma desproporcionada, la imposibilidad para gestionar estas crisis me llevaba a frustrarme más, y a que la ansiedad se disparase. Intenté muchas cosas para hallar el balance: correr, yoga, nadar y sobrevivía de manera torpe en un mundo que sentía que me quedaba grande.

Hasta que a los 23 años, después de un periplo de depresiones y ataques de ansiedad a mis espaldas, mi cabeza se dejó ir. Podría decirse eso, o también que pasé por un proceso de crisis muy doloroso, el cual me dejó con el diagnóstico de Trastorno Bipolar Tipo II. Y tras ello, un silencio que inhóspito durante casi un año. Un año sin escribir, volviendo a buscar mi sitio en un horizonte nebuloso. Recuerdo que era asiduo a comprar DVD’s de un kiosko, compraba las películas que regalaban con los periódicos. Cine independiente, la conexión directa con lo que estaba sintiendo: estar fuera de los márgenes, sin reglas.

Una de esas películas fue Buffalo 66, de Vincent Gallo. La historia de un ex convicto que espera en una parada de autobús, después de haber sido liberado. De su intento por resocializarse torpemente en un mundo que, al igual que a mí, nos parecía que nos venía grande. Fue esa la chispa que encendió un fuego perpetuo, ininterrumpido: siete novelas, una trilogía, y cuatro novelas autoconclusivas. Una carrera que arrancó sin disparos de salida; como una tranquila salida en remo, y un remar constante que ya lo querría para todos los demás asuntos de mi vida.

No sabría decir que soy escritor porque soy bipolar, pero lo que sí conozco de primera mano es que antes de la etiqueta ya tenía una sensibilidad distinta que me llevó a chocar en otros espacios. Una sensibilidad para la belleza, para la poesía, el arte. Un afán por entender el mundo, por alimentar la curiosidad, y la necesidad de escribir para exorcizar parte de la carga emocional que cargaba. Creo que eso le aporta mucho más a mi punto de vista como narrador, que un diagnóstico que he procurado asumir con normalidad y, hasta ahora, con discreción, ya que es la primera vez que hablo de él de forma abierta y directa.

En su momento parecía una buena idea

La carrera que elegí para desempeñarme como profesional fue el Periodismo. Un periodismo idealista, que ya vio caer sus mitos ante la voracidad del mundo digital. Pensé que Periodismo era una buena carrera para formarme como escritor y, aunque solo haya conocido el paro en la profesión, no considero que me haya equivocado al elegir. Es una carrera que aporta buenas bases para aprender a escribir, para hacerlo con mayor eficacia. Al mismo tiempo, da la posibilidad de conocer una infinidad de autores y estilos narrativos, lo cual se agradece de sobremanera.

Así pues, de modo simultáneo e irregular he colgado relatos en medios como Enjoy Torrevieja y La Palabra Púrpura. En esta editorial ejercí como editor y coach para escritores, corrigiendo manuscritos y ayudando a otros autores a mejorar constantemente sus habilidades como narradores. También he colaborado con la Concejalía de Cultura de Torrevieja y he trabajado como freelance: como redactor y copy publicitario. Actualmente formo parte del Colectivo Tripolar, un colectivo de escritores locales pensado para dar visibilidad al trabajo de escritores emergentes.

«Si busca un redactor con callos en los dedos, y un teclado maltratado, Jorge Salazar es su hombre.»