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Jorge Salazar - Textos de Calidad

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⏱ 2 min de lecturaAnticipación & Distopía

Bogotá, 2031

«En la Bogotá del 2031 vive un joven titubeante, pero seguro, que, en busca de mejorar sus perspectivas laborales, decide desafiar los anillos de seguridad de la metrópoli.»

En la Bogotá del 2031, la niebla de la sabana ya no huele a eucalipto ni a llovizna limpia: huele a condensación de servidores cuánticos, a combustible sintético reciclado y a lluvia ácida filtrada a través de las mallas perimetrales de los rascacielos corporativos.

Allí sobrevive Julián, un joven de veinticuatro años que ha aprendido a mirar el mundo a través del visor de realidad aumentada de segunda mano que su tío rescató de los desguaces de San Victorino. Para alguien nacido al sur de la línea de circunvalación, encontrar un empleo regulado no es cuestión de méritos ni de diplomas: es cuestión de algoritmos biométricos que deciden en fracciones de segundo si tu perfil crediticio es digno de cruzar hacia el norte.

Aquella mañana de octubre, Julián llevaba en el bolsillo de su cazadora raída una memoria sólida cifrada con un protocolo clandestino. Su misión era simple, pero suicida: entregar el paquete en una cafetería de la Carrera Séptima antes de que los drones de vigilancia de la Policía Metropolitana actualizaran el censo facial de las once de la mañana.

«En una ciudad donde hasta el aire limpio cotiza en bolsa, cruzar una avenida sin identificación digital es el acto de rebelión más puro que le queda a nuestra generación.»

El transporte magnético frenó con un chirrido sordo sobre los raíles suspendidos. Julián bajó la visera de su gorra, ajustó el cuello de lana y se mezcló entre el tropel de oficinistas taciturnos que caminaban con la mirada clavada en sus pantallas transparentes.

A cada paso, los sensores comerciales le bombardeaban con anuncios personalizados de créditos al consumo y seguros de vida que jamás podría pagar. Sin embargo, en el fondo de sus ojos brillaba una certeza irreductible: la Bogotá del futuro podía levantar torres de doscientos pisos, pero mientras hubiera jóvenes dispuestos a jugársela en el barro de sus calles, la ciudad seguiría perteneciendo a los desposeídos.

Jorge Salazar

Jorge Salazar

Escritor, periodista y redactor digital.

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