Un idilio con el Periodismo

Recuerdo que, de niño, seguía con especial interés las noticias que salían por televisión. No es que fuera tan raro como para que las noticias fueran mi principal interés. Lo extraño era que de golpe había un niño de 6 años que opinaba sobre Saddam Hussein, en 1991.

Me interesaba el vídeo, las grabadoras de voz, entender, cuestionar, preguntar, y con el tiempo, las ganas de conocerlo todo nunca cambiaron. Después de la secundaria me fui directo a la Facultad de Periodismo de la UMH de Elche, un mágico lugar en el que encontré personas fantásticas y talentosas.

Antes de aquello, en mi natal Colombia, montábamos noticiarios con una prima, se lo presentábamos a nuestra extensa familia, y todos nos reíamos porque 2 niños de 6 años contábamos la realidad desde nuestros ojos. Después seguí devorando libros y revistas, hasta que mi primer ordenador entró en mi vida.

Parecía inequívoco que iba a destinar mi vida al periodismo. Con mi primer ordenador escribí mis primeras historias, y el proceso no se detuvo en años. Al final del camino, el periodismo llegó para cambiarlo todo.

La historia sigue

Con el paso de los años, la devoción a un teclado, y una curiosidad incorregible, surgió la personalidad de un niño solitario,  con mucha imaginación. Creé historias en mi cabeza, a modo de universos explorables. Cuando tuve la oportunidad de guardarlas en papeles me sentí afortunado, parecía que este fuera el propósito de tanto ensimismamiento. Con el tiempo me hice un lector ávido, y así empecé a aprender de quien leía. Observando, analizando, copiando, así fue como aprendí a escribir.

Los libros me han dado una buena vida. Un vida bohemia que he disfrutado agradecido, pero que ya  no vivo más. Diez años después de andar con cinco libros en mi maleta para poder vender, solamente deseo ser tan feliz como lo fui, y que lo sea también la gente que hizo posibles esos momentos. Pero ahora me siento para menos trotes, no me planteo volver a vender mis libros en la calle.

«La tierra de aquellos que defienden la supresión de las reglas del Derecho, y de cualquier gobierno».

Hace casi 20 años empezó mi escuela, como redactor, pretendiendo escribir mi primera novela. Estaba llena de fallos y agujeros, pero si hubo una actividad constante, esa fue la corrección, la minuciosidad ante el detalle. Esta puede ser una justificación del carácter mutante de esta novela que se adaptó a su tiempo y a las circunstancias, mejor que el que la escribía.

Ahora, de manera exclusiva e inédita, estoy en la capacidad de ofrecer la versión definitiva de esta, la que en su día fue mi primera novela. «Acracia, San Esteban» es la síntesis y el origen de trabajo literario, mi obra fetiche, la que más veces he examinado, en un torpe intento por alcanzar la perfección. La trama de Javier, el ex presidiario que lucha por encontrar un lugar, en una sociedad postapocalíptica, da lugar a un nutrido número de tramas circundantes que emergen como ramificaciones de esta premisa a lo largo de tres novelas.

Compra un ejemplar, dale una oportunidad a este narrador, y luego, si te sientes con ánimo, déjame conocer tus impresiones. Si alguna vez me has leído, te invito a leer esta copia, en la que descubrirás mundos nuevos y un viaje más inmersivo